En el mes de mayo, celebramos el Día de la Madre con un homenaje a las mamás moteras.
La Revista Motera ha conversado con cinco mamás moteras sobre cómo combinan su amor por las motos con la maternidad, inspirando a todos con sus experiencias.

Susana nos cuenta que la fascinación por las motocicletas la ha acompañado desde siempre, aunque durante muchos años sólo pudo participar como acompañante hasta que hace aproximadamente dos años, este sueño se volvió realidad, permitiéndole vivir a pleno el mundo motero sin renunciar a su rol maternal.
Según explica, ser una mamá motera es una experiencia estupenda, ya que sus hijos se sienten orgullosos y disfrutan compartiendo momentos únicos y divertidos: desde asistir a la bendición de los “capacetes” en Fátima o empaparse del ambiente motero en Gaia (Portugal), hasta relajarse en la playa de Sanxenxo. En cada trayecto, en cada aventura, Susana destaca el compañerismo y el sentido de unión familiar, reflejado en la frase “Salimos juntos, volvemos juntos”.
La seguridad es uno de sus pilares: insiste en el uso de protecciones adecuadas como casco, guantes, chaqueta, pantalón y botas, y confía en que su instinto agudizado al montar le permite estar alerta ante cualquier imprevisto.
Aunque enfrenta críticas de quienes cuestionan su sentido común o la seguridad de sus decisiones, estos comentarios externos no han frenado su pasión. Su consejo a otras madres es simple y lleno de ánimo: si te gusta y tú lo deseas, sigue adelante sin permitir que nada ni nadie detenga tus sueños.
Mónica mantiene el equilibrio como madre y su entusiasmo por las motos. Desde pequeña sintió interés por todo lo que tiene ruedas, consolidándose un profundo amor por las motocicletas.
Su vínculo con las motos se integra naturalmente en su vida familiar, sus hijos crecieron rodeados de esta pasión, cada uno con su propio interés: la mayor se inclina por los todoterrenos, el mediano prefiere paseos relajados y el menor vive la experiencia motera intensamente, incluso probando circuitos.
Para Mónica, estos momentos son un valioso punto de unión, donde padres e hijos comparten aventuras y superan desafíos, pese a los nervios propios de la maternidad. Ella promueve valores como autocontrol, compañerismo, respeto, humildad, civismo y responsabilidad, considerándolos esenciales para disfrutar de este estilo de vida. A pesar de la dificultad de equilibrar su pasión con las necesidades familiares, Mónica asegura que lo hace bastante bien.

Su consejo a otras madres es no imponerse obstáculos por el hecho de ser madres, luchar por sus sueños y disfrutar de la libertad que brinda rodar en moto, pues estas vivencias se convierten en recuerdos imborrables compartidos en familia. Es una aventura que transforma vidas.

Iria creció en un ambiente motero, ya que sus padres también tenían esa pasión, lo que le infundió el amor por las motos desde temprana edad.
Combinar su rol de madre con la pasión por las motos es una experiencia apasionante.
Aunque su hijo mayor no comparte el gusto por las motos, el menor sí lo hace, lo que la llena de gratitud y felicidad, especialmente al ver la sonrisa en su rostro cuando le propone dar una vuelta en moto.
A través del motociclismo, Iria busca transmitir valores fundamentales: disfrutar de la vida, encontrar en la aventura un escape de la rutina desnaturalizada y fomentar un ambiente de hermandad y unión familiar.
Al conducir con sus hijos o al saber que ellos están manejando, se centra en la seguridad. Utiliza y recomienda equiparse con casco, cazadora, protecciones, guantes y rodilleras, y cuida de sí misma mediante una mayor atención en la carretera y una velocidad controlada.
Consejos para otras madres: Su mensaje es claro y directo: si sientes pasión por el motociclismo, no pienses dos veces, hazlo. Vive intensamente y atesora cada momento, ya que la vida es única.
Liliana, conocida como LadyLy, desde pequeña, las motos formaron parte de su entorno, pero su interés creció a pesar de las advertencias de su padre. Ahora, ha transmitido esta pasión a sus hijos, quienes muestran interés por seguir sus pasos, aunque conlleva ciertos temores de madre.
Liliana destaca valores como el compañerismo, la unión familiar y la importancia de disfrutar los momentos juntos. A través de las rutas en moto, descubre la belleza de Galicia mientras refuerza la conexión con sus hijos. Aunque su hija mayor, Ana, ahora prefiere rodar por su cuenta, Saúl continúa acompañándola, creando recuerdos especiales.

La experiencia de ser madre y motera no ha estado exenta de desafíos, como la pérdida de amistades o las duras condiciones climáticas durante sus rutas. Sin embargo, Liliana enfatiza la seguridad: siempre equipa a sus hijos con los mejores accesorios, como chalecos airbag, y prioriza sus necesidades durante las travesías.
A otras madres les aconseja precaución en la carretera y que disfruten de los momentos únicos con sus hijos, ya que el tiempo vuela y esas experiencias fortalecen los lazos familiares de manera incomparable.
Xane, descubrió su amor por las motos a los 13 años, cuando junto a amigos recorría en vespinos, iniciando un camino de libertad y aventura.
Ser madre motera ha sido una experiencia enriquecedora, pese a las dificultades iniciales y a la oposición del padre de sus hijas, quien consideraba inapropiado que una madre viviera esta pasión.

Con el tiempo, Xane logró compaginar su rol maternal con el motociclismo,
Dos de sus hijas comparten esta pasión: la mayor se anima a obtener el carnet A2, mientras que la pequeña, apodada “Pinky”, ha estado en el mundo motero desde que la ley se lo permitió, manifestado incluso en su deseo de tener un casco rosa para acompañarla.
En cada ruta, Xane refuerza valores de igualdad, compañerismo y solidaridad, demostrando que el motociclismo une sin importar género o cilindrada.
A través de rutas memorables, acampadas y encuentros en eventos moteros, Xane forja lazos familiares sólidos. Su consejo a otras madres es sencillo: si la pasión por las motos te llama, no dudes en equiparte adecuadamente y lanzarte a rodar, compartiendo esa libertad y aventura con quienes amas. El motociclismo perdura.

